Ya lo había
dicho el profesor al inicio del semestre, nos había hablado de la experiencia increíble
de compartir una visita al Palacio de Minería. Los libros ya son una
experiencia por sí sola, reunidos en un palacio, se convierten en el protagonista
de una vida. El día cada vez estaba más cerca, hoy era ese día.
Salgo del metro
Allende esquivando a las personas que no me permiten pasar a prisa. Miro mi
reloj y son casi las 11 de la mañana, corro hacia la derecha de la calle que es
igual a muchas calles del centro. Espero que no me hayan dejado, si mi clase ya
está dentro de la feria no sé cómo los voy a encontrar. No tengo idea de dónde
buscarlos.
Con el corazón latiendo rápidamente y la cara sonrojada
veo a lo lejos a dos de mis compañeras, mis rodillas se tranquilizan, cruzó la
calle con más cuidado, miro para un lado y para el otro. Cruzó la calle, me
acerco a la entrada del Palacio, parece una feria, ya están ahí reunidos varios
compañeros. Yo recupero poco a poco el aire.
Frente al
palacio, las personas ya esperan ansiosa, están formadas para comprar un boleto
y poder entrar. Con la mira busco el rostro de alguien conocido, me acercó a
Ilse, ella espera como todos los demás a que el profesor llegué. Que bella es
la ciudad a esta hora, que bien se siente no ir a la escuela tan temprano y
tomar la clase en otra parte, me digo cuando veo que el profesor y algunos compañeros
llegan y nos saludan a los que por minutos no fuimos puntuales.
Ya dentro de la
feria, paredes construidas por hileras interminables de libros nos dieron la
bienvenida. Conducidos por la guía de
nuestro profesor, recorrimos los distintos pasillos de las diferentes
editoriales, pasamos conociendo y reconociendo títulos. Las entrevistas que
creamos a lo largo de la mañana nos mantuvieron a la expectativa de un mundo al
que todos queremos pertenecer, al de las letras.


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